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Martes 23/07/2024  

Reflexiones desde el sofá

La Cenicienta de Cenicienta

Barbate sigue esperando que aparezca el hada madrina que la convierta bella y hermosa, o que un príncipe invierta en ella para convertir en próspera su tierra

Publicado: 24/06/2024 ·
16:42
· Actualizado: 24/06/2024 · 16:42
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  • Imagen de Barbate. -
Autor

José Diego Amores Revuelta

José Diego Amores Revuelta es licenciado en Historia y Archivero con influencia petermanesca

Reflexiones desde el sofá

Columnas de opinión que sólo pretenden invitar a la reflexión del lector sobre temas de actualidad

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Dentro  de los cuentos clásicos, hay uno que se podría adaptar perfectamente a nuestro pueblo. No es otro que el de Cenicienta, una hermosa mujer que, marginada por la madrastra y sus hermanastras, se dedicaba a servirlas. Hasta que un día apareció el hada que la convirtió en una hermosa joven, aderezada de brillo y color, para que una noche enamorase a un príncipe rico, guapo y bueno que la rescataría de la miseria en la que estaba envuelta.

Esta semana, las noticias han hablado, y no poco, de la singularidad de Cataluña y la necesidad de reflejar en la aportación económica del Estado esa singularidad. Con unos datos que desconozco y no tengo por qué poner en duda, mi opinión, subjetiva claro está, me hace sentir que Andalucía vuelve a ser considerada la Cenicienta del Estado, siendo la comunidad de mayor tamaño y población, y que a lo largo de la historia le ha dado los mayores signos de identidad de lo que luego se conocería como España. Sin embargo, no tiene un carácter singular para los gobernantes de este país, que cuenta con una portavoz del Gobierno, la señora María Jesús Montero, que fue muchos años consejera de Salud de la Junta de Andalucía y responsable directa de no echar a andar el hospital de La Janda a pesar de estar terminado. Pues hoy esta señora, andaluza de Sevilla, defiende que hay que considerar la singularidad de Cataluña. No voy a negar esa singularidad, insisto, pero es curioso que el Gobierno se acuerde de mimar a Cataluña sólo cuando hay que formar gobierno en tierras catalanas o en España. Mientras tanto, no ha importado que sea una de las comunidades o naciones que aportan más al Estado español recibiendo menos. Y ahora me pregunto: ¿qué pasa con Andalucía? ¿Qué sucedió con la famosa deuda histórica contraída con el pueblo andaluz?

Pero si Andalucía es la Cenicienta para España, Barbate es la Cenicienta de todos ellos. Con el 83% del término municipal con algún tipo de afectación, y después de que en 2017 PSOE, PP, Ciudadanos y Unidas Podemos abanderaron dos propuestas no de Ley para compensar los años de servicio a la defensa nacional, con el reconocimiento y aprobación de todas las cámaras del Estado donde se debatió, el resultado luego con un Gobierno y con otro es el mismo: un olvido histórico, acompañado de una inacción absoluta, compensada con algún gesto intrascendente en el tiempo pero vendido a bombo y platillo.

Barbate sigue esperando que aparezca el hada madrina que la convierta en bella y hermosa, o que un príncipe invierta en ella para convertir en próspera su tierra. Pero aquí seguimos apostando por príncipes que no están cuando deben de estar y, en cuanto hacen sus negocios y tienen la ocasión, salen a la carrera dejando el reino de nuestro cuento, decorado con muchos dibujos de colores que se caen en cuanto sopla un poco el viento. Vivimos en un paraíso, pero lleno de pequeños demonios que pretenden saberlo todo, cuando en realidad les inunda el desconocimiento, que se dejan llevar en los brazos de príncipes que sólo reparten galletas de chocolate y llenan de sueños un pueblo que necesita con urgencia muchas realidades.

Mi infancia y adolescencia han pasado oyendo la promesa de un gran hotel para Barbate. Al final fueron los barbateños quienes hicieron los hoteles de acuerdo a sus posibilidades, porque después de muchas promesas y cantos de sirenas, seguimos siendo los barbateños los que hacen posible que sigamos adelante. Desde las administraciones se sigue viendo la singularidad que exigen los que no quieren pertenecer a España y se olvidan de los que aportan a España su suelo desde los años 80 a cambio de bofetadas, mentiras y fantasías. Barbate está llena de hadas y príncipes, que se levantan cada día a trabajar y luchan por llevar el pan a sus casas a pesar de que no seamos singulares.  

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