La sed

Publicado: 27/04/2023
Autor

Francisco Palacios

Palacios es matemático y programador. Publicó su único libro hace ya unos años y sigue siendo el autor más leído de su calle

El pobrecito hablador

Escribo sobre lo que me gusta, pero sobre todo sobre lo que me disgusta, como un grito desesperado para no ganarme una úlcera

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Vienen fechas en las que cristos y vírgenes pasearán por las calles pidiendo que el líquido elemento caiga en nuestros campos
Los hay que dicen que no hay mejor manjar en el mundo más sabroso que un currusco de pan con hambre; quizás por eso, cuando queremos alabar a alguien, decimos que es un trozo de pan. Pero, tal y como se están poniendo las cosas, a la hora de poner a alguien por la nubes, tendremos que decir que es un chupito de agua.

Porque, sea por el cambio climático, sea por la conspiración judeo-masónica que, urdida entre el Gobierno, AEMET,  Soros y Spectra, trata de que no caiga una sola gota de agua en toda la península, tenemos encima una de esas pertinaces sequías que asolan nuestros campos y desecan los pantanos.

Se avecinan días de recortes en los que se racionará el agua y su uso, en los que las garrafas desaparecerán de las estanterías de los supermercados como rollos de papel higiénico  en tiempos de pandemia. Vienen fechas en las que cristos y vírgenes pasearán por las calles pidiendo que el líquido elemento caiga en nuestros campos, riegue las cosechas y ponga a los pantanos a hacer lo que deben hacer, que no es otra cosa que la de almacenar ese oro transparente que cae de los cielos, sin que nadie sepa por qué. Mariano dixit.

El agua y su consumo, su gestión y su reparto entre territorios es una materia primordial que necesita de un amplio consenso y una férrea voluntad de llegar a acuerdos. Preciosa fantasía. Para colmo de males, se avecinan elecciones, con lo que el agua pasa de ser un bien necesario a materia electoral y arma arrojadiza. Hablando de prioridades, los campos de golf y las piscinas parecen ser asunto de seguridad nacional. Que no les falte el suministro, no vaya a ser que los greens estén impracticables y que los sufridos turistas no puedan refrescarse y hacer unos largos.

Los ciudadanos somos meros espectadores, extras de una película en la que los protagonistas son otros. Tendremos que aprender a alimentarnos echándole al puchero pelotas de golf para que hagan buen caldo, a beber agua de piscina, con todas las ventajas del insuperable sabor del cloro, a lavarnos como los gatos, lametón viene y va.

Mientras tanto, Doñana se seca, y las multas las pagaremos nosotros. Es lo que tiene tirar con pólvora del rey: se nos van a juntar las ganas de beber con la sed.

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