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Miércoles 28/09/2022  

Días de barrunto

El desvelo de una noche de verano

La amenaza de maremoto se convirtió en protagonista de bromas, cuentos y coplas de Carnaval, como era más que previsible...

Publicado: 19/09/2022 ·
09:11
· Actualizado: 19/09/2022 · 09:11
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Autor

José Manuel Infante Gómez

Columnista mitad barbateño mitad madrileño. Redactor en web deportiva trescuatrotres.com

Días de barrunto

En palabras de su autor: "Intento decir lo que pienso pensando siempre lo que digo"

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La noche anterior a un examen siempre es distinta a cualquier otra. Si, además, a los nervios propios por la prueba se le une una escasa preparación, lo normal es que cueste un poco de trabajo caer en los brazos de Morfeo.  A pesar de estos condicionantes, aquella noche me quedé dormido enseguida y mi cabeza se relajó para disponerse, pocas horas más tarde, a ser invadida por las matemáticas de segundo de bachillerato.

—Manuel, levántate enseguida que viene un maremoto.

En ese momento, el motivo me parecía lo de menos para ser despertado, así que me limité a murmurar una protesta y mirar la hora. Las dos de la mañana. Hice caso omiso a mi madre y me centré en recuperar la fase de sueño que se había visto bruscamente interrumpida.

—¿Es que no te has enterado? Arriba te he dicho. Vamos, que esto es muy serio.

El segundo aviso de mi progenitora surtió efecto, no tanto por el considerable aumento del volumen como por el nivel de angustia con el que la frase salió de su boca.

De esa manera, me preparé para enfrentarme al que sería, sin duda, el mayor problema que se me presentaría aquel día. Y la solución, para colmo de males, no estaba escrita en ningún libro o cuaderno de apuntes, ya que se trataba de una situación desconocida para cualquier habitante de Barbate.

Para los miles de personas que esa madrugada abarrotaban las calles del pueblo, el calor del verano no era lo más agobiante. Lo peor, con total seguridad, era el silencio reinante, que absorbía todas las conversaciones de la gente. También recuerdo, casi cuarenta años después, que mi preocupación se centraba en la razón por la que miles de familias temían, en ese momento, por la mayor posesión que tenían; una vivienda por la que se habían deslomado a trabajar durante toda la vida.

Así, inmersos en ese silencio lleno de expectación, transcurría la noche más insólita que la mayoría de barbateños iban a vivir en su existencia. Pasaron unas horas hasta que un coche que transportaba al alcalde recorrió las calles de la localidad mientras que el edil, con un megáfono, anunciaba, para el alivio de todo el mundo, que los rumores eran debidos a una falsa alarma.

Yo aprobé mi examen de matemáticas y, para celebrarlo, acudí a mi cita diaria con el mar. El tamaño y la actividad de las olas de esa mañana demostraban que, efectivamente, Neptuno estaba más cabreado de lo habitual.

La amenaza de maremoto se convirtió en protagonista de bromas, cuentos y coplas de Carnaval, como era más que previsible teniendo en cuenta el carácter de la gente de este mágico rincón. Años más tarde, el fenómeno marítimo cambió de nombre y pasó a llamarse tsunami, dejando unas terroríficas imágenes cada vez que hacía acto de presencia en cualquier lugar del mundo.

Lo que sí nos visitó aquella noche de primeros de septiembre de 1983, fue ese misterioso silencio que secuestró el sueño de un pueblo entero. Un pueblo que, a pesar de tener los ojos bien abiertos, vivió una de las mayores pesadillas de su historia.

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